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    Agenda de género y participación política de las mujeres en México

    Los avances en la participación política femenina, las políticas de género implementadas y los desafíos pendientes para la igualdad sustantiva.

    Patricia Ortega Luna

    Por Patricia Ortega Luna

    17 de enero de 2026

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    Agenda de género y participación política de las mujeres en México
    Imagen ilustrativa. México Pública / Archivo

    México ha experimentado avances significativos en la participación política de las mujeres durante las últimas décadas. Desde la reforma de paridad de género hasta la llegada de la primera mujer a la presidencia de la República, el país ha transitado un camino de conquistas que, sin embargo, aún enfrenta obstáculos para traducirse en igualdad sustantiva. Este análisis examina el estado actual de la agenda de género en la política mexicana.

    De las cuotas a la paridad: un recorrido histórico

    El camino hacia la paridad de género en la política mexicana ha sido gradual pero sostenido. Las primeras cuotas de género, establecidas en los años noventa, exigían un mínimo de candidaturas femeninas que fue incrementándose progresivamente. Sin embargo, prácticas como las "juanitas" —mujeres que renunciaban a sus cargos para ceder el espacio a hombres— evidenciaban la resistencia a la participación femenina.

    La reforma constitucional de 2014 estableció el principio de paridad, obligando a que las candidaturas a cargos de elección popular se distribuyeran en proporciones iguales entre hombres y mujeres. Esta modificación transformó la composición del Congreso de la Unión y de las legislaturas locales, alcanzando proporciones cercanas al 50% de mujeres.

    La reforma de "paridad en todo" de 2019 extendió este principio a los tres poderes del Estado y a los organismos autónomos. Por primera vez, se estableció que la mitad de los cargos públicos relevantes debían ser ocupados por mujeres, no solo en el ámbito electoral sino en toda la estructura del Estado.

    Mujeres en el poder: logros históricos

    Los resultados de estas reformas son visibles. El Congreso mexicano es uno de los más paritarios del mundo. Gobernadoras, alcaldesas, ministras de la Suprema Corte y titulares de organismos autónomos son ahora una realidad cotidiana que hace apenas unas décadas parecía lejana.

    El hito más significativo fue la llegada de una mujer a la Presidencia de la República. Este logro histórico representa la culminación de un proceso de décadas y un mensaje poderoso para las nuevas generaciones: no hay techos de cristal que no puedan romperse.

    Sin embargo, la presencia no equivale automáticamente a representación sustantiva. Que haya más mujeres en cargos de poder no significa necesariamente que las políticas públicas incorporen perspectiva de género o que las agendas de las mujeres se traduzcan en acciones concretas.

    Violencia política en razón de género

    Uno de los obstáculos más graves para la participación política de las mujeres es la violencia. La violencia política en razón de género se manifiesta de múltiples formas: desde la descalificación y el acoso en redes sociales hasta amenazas, agresiones físicas e incluso feminicidios de mujeres políticas.

    La tipificación de la violencia política de género como delito electoral representó un avance normativo importante. Sin embargo, los mecanismos de protección y sanción siguen siendo insuficientes. Muchas mujeres que aspiran a cargos públicos enfrentan campañas de desprestigio centradas en su vida personal, cuestionamientos sobre su capacidad o presiones para que cedan espacios a varones.

    Las mujeres indígenas, afrodescendientes, con discapacidad o de comunidades rurales enfrentan formas interseccionales de violencia política que se suman a las ya existentes. Garantizar su participación requiere atender las múltiples discriminaciones que las afectan.

    Políticas públicas con perspectiva de género

    Más allá de la representación, la agenda de género implica transformaciones en las políticas públicas. La incorporación de la perspectiva de género en el presupuesto, conocida como "presupuesto con perspectiva de género", busca asegurar que los recursos públicos atiendan las necesidades específicas de las mujeres.

    Los programas de combate a la violencia contra las mujeres han sido fortalecidos, aunque los resultados son insuficientes. Las alertas de violencia de género declaradas en múltiples estados evidencian la magnitud de una crisis que cobra miles de vidas cada año.

    Las políticas de cuidado han entrado en la agenda pública como nunca antes. El reconocimiento del trabajo de cuidados, históricamente invisibilizado y realizado mayoritariamente por mujeres, y la discusión sobre sistemas nacionales de cuidados representan avances significativos que, sin embargo, aún no se traducen en transformaciones estructurales.

    Brechas persistentes

    A pesar de los avances, las brechas de género persisten en múltiples ámbitos. La brecha salarial, que hace que las mujeres ganen menos que los hombres por trabajo equivalente, se mantiene. La participación laboral femenina sigue siendo significativamente menor que la masculina, afectada por las responsabilidades de cuidado desigualmente distribuidas.

    En el ámbito económico, las mujeres enfrentan mayores dificultades para acceder a créditos, emprender negocios y acumular patrimonio. La feminización de la pobreza es una realidad que las políticas públicas no han logrado revertir.

    La representación en el sector privado presenta rezagos aún mayores que en el sector público. Los consejos de administración de las empresas más grandes del país siguen siendo predominantemente masculinos, y las mujeres en posiciones directivas enfrentan techos de cristal difíciles de romper.

    El papel de los movimientos feministas

    Los avances en materia de género no pueden entenderse sin reconocer el papel de los movimientos feministas. Las movilizaciones masivas de años recientes, particularmente en torno al 8 de marzo y al 25 de noviembre, han colocado las demandas de las mujeres en el centro de la agenda pública.

    Estos movimientos han logrado visibilizar problemáticas que durante décadas fueron ignoradas o minimizadas. El feminicidio, el acoso sexual, la brecha salarial y la distribución desigual del trabajo de cuidados son hoy temas de discusión pública gracias a la presión sostenida de organizaciones y colectivas feministas.

    Sin embargo, la relación entre los movimientos feministas y el poder político ha sido compleja. Las tensiones entre demandas de las bases y las respuestas institucionales, así como los debates internos sobre estrategias y prioridades, forman parte de una dinámica que enriquece pero también fragmenta el movimiento.

    Desafíos pendientes

    La agenda de género en México enfrenta desafíos significativos. El más urgente es la violencia feminicida, que cobra más de 3,000 vidas de mujeres cada año. A pesar de las alertas de género, los protocolos y los recursos invertidos, los feminicidios no disminuyen de manera sostenida.

    La autonomía reproductiva sigue siendo un terreno de disputa. Si bien varios estados han despenalizado el aborto, persisten resistencias que limitan el acceso de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos.

    La paridad formal debe traducirse en paridad sustantiva. Esto implica no solo que haya mujeres en los espacios de poder, sino que esas mujeres puedan ejercer su cargo sin violencia, que las políticas públicas incorporen perspectiva de género y que las condiciones estructurales de desigualdad se transformen.

    Reflexión final

    México ha avanzado significativamente en la agenda de género durante las últimas décadas. Los logros son innegables: más mujeres en espacios de poder, reconocimiento normativo de la paridad, tipificación de la violencia política y visibilización de problemáticas históricamente ignoradas.

    Sin embargo, los avances formales no se han traducido plenamente en transformaciones de la vida cotidiana de las mujeres. La violencia, la desigualdad económica y la sobrecarga de trabajo de cuidados siguen marcando la experiencia femenina en México.

    El camino hacia la igualdad sustantiva es largo y requiere esfuerzos sostenidos. La llegada de una mujer a la presidencia representa un hito histórico, pero también una responsabilidad: demostrar que el liderazgo femenino puede traducirse en transformaciones profundas que beneficien a todas las mujeres mexicanas, especialmente a las más vulnerables.

    Por Patricia Ortega Luna

    17 de enero de 2026

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